viernes, 8 de marzo de 2019

Parque del ajedrez : De vuelta a la realidad.


Era uno de esos días en los que no quieres hacer nada, de esos en los  que te levantas, ves el reloj y te das cuenta que ya se te hizo tarde para ir a la escuela, uno de esos días en los que ni siquiera sabes cómo llegaste al lugar donde tenías que estar, ni mucho menos  te importo en su momento las veces que te empujaron en el camión o si un hombre te falto al respeto en el camino. Si,era uno de esos días en los que eres sin estar.

Angie, una estudiante de comunicación,  se baja del camión todos los miércoles a las 7:30 AM para asistir a sus clases en el edificio del multiaulas 1,  siempre con el mismo pensamiento en la  cabeza, -si supiera andar en bicicleta todo sería más sencillo, aunque podría cortar camino si  rodeo el complejo, no, eso sería  imposible, tengo miedo de que me pase algo y no llegue a mi destino- se decía a sí misma.

Sin más que pensar  sus pies golpearon el piso una y otra vez, al ritmo de 120 pasos por minuto , que contaba con el chasquido de sus manos,  parecía  como si de sus pies fuera a salir fuego  y  egoísmo, no volteaba a ningún lado, no veía a nadie, no quería a nadie cerca.  Justo cuando parecía que toda su respiración emanaba paz  llegó el momento de verse de frente con el  parque del ajedrez, fue como si alguien  hubiera amenazado a Angie que sin detenerse tomó sus manos, se hizo una coleta en el cabello y con un gesto desesperado tomó aliento y camino con los ojos cerrados, cuando menos se dio cuenta eran las 8 AM  y  estaba en el edificio junto a sus compañeros.

Dos horas en las que un pizarrón en blanco se quedó corto a diferencia de los  apuntes de la libreta de Angie,  palabras que no entendía y oraciones que no tenían coherencia fue el reflejo del vacío existencial  que atravesaba Angie en aquella mañana. -¿De qué color era el cielo esta mañana? ¿Por qué no me detuve a ver? – se preguntaba la chica.

Mientras tomaba su celular y sin pena ni respeto contestaba los mensajes pendientes de aquellos días. Angie cerró los ojos  y en la fantasía que producía su mente se vio interrumpida por unas luces prendidas y la mirada de desaprobación del profesor. Ni hablar ese día ella no haría nada que no fuese soñar despierta.  Solo pasó un minuto cuando tomó la decisión que la llevaría a su mejora inmediata. Solo cinco minutos le tomó a Angie salir del salón y caminar hacia el lugar que ella consideraba seguro y no le daría miedo estar sola: el parque del ajedrez. 

Era curioso pues casi todos los días pasaba por el parque y nunca se detuvo a observar lo que había, lo que se sentía y lo este lugar le llevaba a pensar. Eran las 10:05 AM y se sentó en una palapa cerca de la cafetería del lugar y  vio como el mundo pasaba frente a sus ojos, más bien  vio cómo es que varios mundos convivían en el mismo lugar.  Personas que quizás jamás volvería a ver, rostros que vería algún día en sus sueños más profundos y que olvidaría en los primeros cincos minutos que estuviera despierta.

En la parte del fondo hay como unos juegos y  una pequeña cancha, bueno al menos ella lo percibió así, donde había chicos jugando  y riendo, eran personas que amaban convivir entre  ellos.  Frente a ella pasan personas haciendo ejercicio, - ¿Por qué hacerlo aquí y no en sus casas?- se decía Angie.  Bueno no importaba la respuesta, a ella le entretenía ver a toda este gente explotando y llegando a sus límites físicos, veía como algunos tomaban agua, otros traigan gorras oscuras, algunos otros portaban ropa que aunque no era para deporte no les quitaba la actitud para hacerlo, incluso  personas de la tercera edad que  tenían mejor condición física que ella a sus 19 años.

El olor a comida de la cafetería le parecía atractivo y  sus tripas empezaron a chillar, como diría Angie cuando sale a las 4 PM de la escuela,  quería entrar a comprar algo de comida pero se dio cuenta que  no traía  dinero,  pensó en un momento en regresar al salón por algo de dinero pero también  pensó en que  no regresaría y sería mejor estar lejos por un rato de los compañeros con los que siempre está. Ademas recordó que por lo único que iba a esa cafetería era por los famosos "calzones", que eran como un pan rectangular con condimentos y con relleno hawaiano o de carnes frías de a solo  20 pesitos, aunque las tortas cubanas se veian tentadoras no fueron motivo suficiente para hacerla caminar.
   
Algo le dio comezón en su pierna derecha que la obligo a agacharse y rascarse un poco mientras miraba a otro lado diferente que el lugar donde estaba su mano, se percató de  un  tablero  grande de ajedrez que estaba cerca de ella. El blanco y el negro, los colores del yin y el yen , los colores cromáticos, los contrarios, muerte y vida, paz y guerra.

Angie se levantó de la palapa donde estaba y como niña pequeña  jugó a  pisar los cuadros sin tocar ninguna  línea, cuando se dio cuenta del ridículo que estaba haciendo, decidió  parar y voltear a todas las direcciones  para ver si alguien se dio cuenta, y si efectivamente, un chico la miraba sin discreción.  Angie se sintió apenada  y decidió sentarse un momento.

Se puso los audífonos  y quizás sonaron las notas que menos quería escuchar en ese momento, quizás porque le causaba melancólica pensar en cierta persona.  Ella comenzó a mirar el cielo y se dio cuenta que no estaba azul como otros días, no hacia frió como ella quisiera pero tampoco hacía calor como el que detestaba sentir en la hora de salida.

Angie escuchó unos pasos en la parte de atrás  que se detuvieron, ella percibió un olor en particular y lo supo, quien estaba atrás de ella no era la persona que quería ver pero  tampoco la  persona que menos necesitaba. Solo vio cómo su amigo de bachiller apellidado Virueña  la tomo del brazo mientras le decía que no tenía nada de malo jugar como una pequeña. Ella pisaba los cuadros de color negro y el los cuadros de color blanco. Angie miro el reloj del celular y acompañada de un  grito de sorpresa  salió del  tablero del juego y se dirigió al camino que la llevaría al EMA 1.

-          -Me tengo que ir a mi clase- dijo Angie.
-         - Cierto que aun no terminan tus clases - Dijo el chico mientras  hacia un gesto de tristeza.
-     -Nos veremos otro día, lo prometo, después de todo estamos en la misma facultad. - Dijo Angie mientras le sonreía  y caminaba.

11:50 AM  faltaban diez minutos para su clase y con ritmo acelerado se dirigió al edificio.  Escuchó mientras caminaba la música desconocida para ella que ponían en  el parque del ajedrez mientras se decía: creo que solo necesitaba salir de mi rutina.



En el camino Angie vio cosas que no vio en su momento como gente comiendo, alumnos haciendo tarea  con expresiones de terror y desesperación, personas que estaban en un  congreso  y que fueron en buscar de comida, alumnos caminando rumbo algún lado en particular,  vigilantes que le decían buenos días y que ignoro cuando entró. Baños que estaban cerrados que ella necesitaba con urgencia, personas barriendo, algunas personas discutiendo por saber cómo se usaban los aparatos por hacer ejercicio, incluso un niño gritándole a su mamá que ya se quería ir. Angie voltió por última vez  y vio que los cuadros donde se olvidó de sus problemas  estaba siendo ocupado por  un chico con chinos y un chico alto y delgado, fue el momento para ellos  de iniciar una partida y el momento de Angie de incorporarse  en el aquí y ahora.

12: 00 PM Era el momento de regresar  a escribir palabras sin sentido y oraciones sin coherencia con la diferencia de que ahora Angie sabía que el cielo se veía mejor con cada paso que daba.   

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