Los martes siempre los
he visto como los días de la indiferencia, bueno en realidad los veo así desde
que ingrese al BINE. Es aburrido estar ahí, no hay nada interesante, nadie me
llama la atención y a todos los veo como mis compañeros de salón. Todo es un
juego para mí, es una obra de teatro.
La luz de mi cuarto
marca la primera llamada a escena del día de hoy. Veo el tiradero que deje el día
anterior después de pensar lo que haría
hoy después de clases. Mis cobijas están volteadas. El uniforme en el piso. Mis
libretas sobre un montón de ropa que ni recuerdo haberme puesto. Tomo mi camisa blanca que dice BINE en
letras plateadas y me la pongo, no saben cuándo la detesto parece cuello de
tortuga y cuando sudo siento que me ahogo por lo justo que está del cuello,
bueno aunque para absorber el sudor cumple perfectamente su función.
Me maquillo e intento no picar mi ojo con el
pincel de tinta negra que agranda mis ojos mientras mi madre golpea con su puño el pedazo de madera que
separa mi habitación con el pasillo, me
dice que me apure porque lo más seguro es que me vaya sola. Claro, después de
la discusión que tuve ayer con mi padre era más que obvio que él no me iría a
dejar hasta la escuela como era de costumbre, en fin como le digo a mamá que disfrute
este corto tiempo que le queda para dejarme hasta la puerta de la
Normal.
Bajo hasta la sala y veo a mi madre con la mano derecha tomando
una taza y su brazo izquierdo recargado
en la mesa y su mano sosteniendo su rostro para evitar caer contra la mesa de
cristal. Ella no me escucho bajar así que me acerco con cuidado a gatas, me
pongo tras de ella y con mis uñas y el rose de la silla se escuchan los primeros
sonidos que asustarían a mamá, me acerco lo suficiente y le respiro en el oído...
Creo que no fue la mejor idea que se me pudo ocurrir ese día ¡Me tiro el café
encima! Las dos empezamos a reír tan
fuerte que incluso mi perro, Ody, bajo corriendo y mi papá solo dijo que nos calláramos. No me
arrepiento de nada, en fin ese día nada podría salir mal. Me quito la camisa y empezo a tomar mi café y le digo que llegaría tarde a la casa porque me quedaría a una
obra de teatro. Ella responde que estaba bien y llegará antes de las cinco. Mentira,
eso no es lo que realmente haré después
de clases.
Subo al baño y humedezco un trapo para quitarme lo pegajoso
que me dejo el café en el estómago. Salgo, me meto a mi cuarto y me pongo mi
camisa de hora de aventura, es amarrilla con el estampado de Jake y finn en la parte de abajo. Meto mis extremidades
en el pans verde guacala del bachiller y viéndome en el espejo pienso
que solo es un año más y me despido de la gama de verdes del uniforme. Bajo con
mis cosas en brazos y digo que ya me voy. Sorpresa, mi madre estaba afuera
de mi casa barriendo y yo como estúpida hablándole a la nada.
Salgo de mi casa junto
con mi madre y Ody, me acompañan hasta la parada del camión. Esperamos cinco
minutos solos en la esquina, tiempo que aprovecha mi madre para decirme que no debería de
pelear tanto con papá y pensar que ser maestra seria mi mejor opción. Solo la
miro y le digo que no podían seguir decidiendo todo por mí, ya no soy una niña
de cinco años que no sabe limpiarse la cola… nos vemos al rato mi camión ya
llego. Ni siquiera la miro al subir y me siento en uno de los tantos lugares vacíos del camión.
Los asientos son de
plásticos sin acolchonamiento en el
respaldo ni las asentaderas, supuse de inmediato que había tomado la ruta 12 y
no el Xonaca como me gusta. En fin poco duro el viaje hacia el centro de San
Pablo, casi nadie se había subido desde que lo tome y eso de cierta manera me
daba miedo. Mi pensamiento cambio hasta que llegamos cerca de la calle de las vías y se subió
un chico, que normalmente veía todos los
días, si no era en la mañana era en la tarde, nunca me había prestado atención
pero a pesar de ello solo tenía unos
pocos segundos para ver sus ojos e imaginar lo que pasaría si…
¿Me das permiso? Las
mismas palabras de todos los días interrumpen mi meditación, esta vez me las
dice una señora con traje y bolso, tamaño pañalera de madre primeriza, que
siempre se maquilla en el camión. Llegamos al mercado y la mayoría de la gente
se moviliza, pues es el punto en que cerca de la mitad de los pasajeros se
bajan y transbordan otro en ese mismo lugar.
Miro hacia todos lados
y cruzo la calle. Tomo el camión
Libertad- Cuauhtémoc. Espero cerca de 20 minutos sentada hasta la parte de
atrás y cuando veo que estamos en la
parada de la rotonda me paro y toco el
timbre, ¡Carajo! Nunca sirven estas cosas, no me dejo más remedio que decir
¡Bajan!
Camino cinco minutos para llegar a la puerta principal de la normal. Paso por el kinder, la primaria, el puente peatonal y los primeros edificios de las licenciaturas para estar frente a una reja de cinco metros de alto, más o menos, pintada de verde como toda la escuela y ver el escudo de la escuela en la parte de arriba. Doy un paso dentro de la escuela y el guardia quiere ver mi identificación asi que le doy mi credencial de la escuela. Me dice buenos dias y contesto igualmente.
Camino cerca de la pista de 400 metros, aun recuerdo mis clases de educación física y los cuatro kilometros que nos hacían correr a las doce del dia. Veo el nuevo edificio que están construyendo frente al edificio principal del bachiller, ahi es donde me toca clase, en el primer piso junto al salón que está a lado de las escaleras.
Camino cinco minutos para llegar a la puerta principal de la normal. Paso por el kinder, la primaria, el puente peatonal y los primeros edificios de las licenciaturas para estar frente a una reja de cinco metros de alto, más o menos, pintada de verde como toda la escuela y ver el escudo de la escuela en la parte de arriba. Doy un paso dentro de la escuela y el guardia quiere ver mi identificación asi que le doy mi credencial de la escuela. Me dice buenos dias y contesto igualmente.
Camino cerca de la pista de 400 metros, aun recuerdo mis clases de educación física y los cuatro kilometros que nos hacían correr a las doce del dia. Veo el nuevo edificio que están construyendo frente al edificio principal del bachiller, ahi es donde me toca clase, en el primer piso junto al salón que está a lado de las escaleras.
Está cerrada la
puerta y la luz apagada. Encuentro a mi compañero Ricardo que me pregunta si ya tome mi decisión, a lo
que contesto que sí y que por favor no
me lo recuerdo porque me pongo cada vez más nerviosa. Somos interrumpidos por Paty. Llega Joshy, Hilda,
la wera, Sharon, Migue, Fernando, casi todos los compañeros y el maestro no llegaba.
Dan las 7:15 A.M y mi
maestro le envió un mensaje a Hilda diciendo que no podría llegar y que checáramos
la plataforma. Por supuesto que nadie lo haría y mejor nos vamos a otros lados. Yo, por supuesto me
quedo en salón con Ricardo e Hilda y sacamos nuestros desayunos y comenzamos
con la torta colectiva, todos comíamos lo de todos pero nadie se terminaba su comida. Todo iba
bien hasta que Hilda dice que si me acordaba que salíamos a las once, la miro y
digo que no mientras saco mi cuadernillo
y firmo con la poderosa de mi hermano, en fin que él me había enseñado
como hacerla y siempre traía conmigo una copia de su INE, por si las dudas. Era solo para emergencias y está si era una verdadera emergencia.
Llega la hora de filosofía y nadie llega, llega la
hora de informática y el maestro no llega,
llega estadística y nadie llega ¿Para qué vine a la escuela? Me pregunto
mal humorada, en fin. Tomo mis cosas y
le dije a Hilda y a Ricardo que mañana nos veríamos. Ricardo toma mi mano y me
dice que siempre estará para mí y que me cuide de él, pobre de Ricardo siempre
lo he visto como mi compañero y que tristeza que me vea como su amiga.
Tomo mi celular y marcó al numero de Carlos. El primer sonido significa
mi segunda llamada a escena, me contesta medio adormilado, le dije que ya
estaba en camino y que se prepara.
Camino lo más rápido que puede a la choperia y tomo la ruta S19 que me
llevaría al mercado. Me siento junto a la ventana y pienso en lo que diré y lo que me ayudo a tomar la
decisión que marcaría parte de mi
historia de mi vida adolescente .
Me bajo en el mercado
y tomo la 64B San Pablo, me llevaría hasta donde
tendría que llegar, bueno al menos eso me dijo Carlos, es la primera vez que la
tomo. Los asientos eran demasiado apretados y olía a loción barata, de esa que
te marea solo de olerla unos minutos. Me revolvió el estómago. Cierro los ojos
por un momento y ya estaba en san
Pablo. ¿Qué camino tomara ahora?
Veo que toma la calle de las carnitas y sube por el salón
Xochitl, da vuelta en el espacio recreativo y cruza la calle para llegar a la
calle de unos baños famosos, que no recuerdo su nombre. Pido la parada y bajo
con cuidado. Cruzo la calle lo más rápido que puedo, veo que su ventana estaba
abierta y con un suspiro entre cortado doblo
sobre su calle y camino. Algo me hace
sentir torpe ¿Un perro me está mordiendo? ¿Es en serio? ¡Mi vida! Es la
cachorra Lindsey, una perrita bonita, pequeña
y frágil pero traviesa, ya me reconocía, después de todo durante las últimas
semanas vengo casi todos los días y prácticamente como diría el tío de Carlos
soy una integrante más en su familia.
Tomo una piedra que
estaba en la calle y como si fuera tocar la puerta con todas mis fuerzas, me detengo a unos cuantos centímetros o milímetros, soy
mala para las medidas. Escucho que hay alguien del otro lado, veo una mano y
era la de Carlos. Me abre la puerta y me
invita a pasar, era la última llamada y el momento de la función.
El primer acto de mí solo inicia cuando dejo mis
cosas en la esquina izquierda de la sala y me siento en el sillón más grande
que tenían en la habitación, escucho que me habla pero no le prestó atención, recuerdo que Hilda se llevó
mis audífonos, bueno no importa, a lo que vine. El sillón era bastante largo pero
era demasiado corto, siento que estoy sentada en el suelo, por cierto no
había limpiado la mancha de helado que deje ayer después de ver anime.
Desde donde estoy me
doy cuenta de lo alto que es, lo flaco que está a comparación de cuando nos
conocimos. El cabello lo tenía relativamente largo para el reglamento del
bachiller al que asiste. Tiene un pans negro con franjas blancas a los lados,
una camisa gris, recuerdo que cuando me
la puse por primera vez parecía tres tallas arriba de la mía. Él toma sus lentes y un libro que está en su comedor y
se sienta a mi lado, muy cerca de mí.
Inmediatamente agacho mi mirada y dirijo mi
atención a la planta que esta alado de mi mochila, en la esquina de la sala, ya esta seca y mal cuidada, él
nunca fue bueno cuidando plantas ni animales pero lo intentaba por mí, al menos
era lo que me decía. Él toma mi mano y me pregunta ¿Por qué saliste tan
temprano? Bueno le contesto creo que sabes
a lo que vengo , me levanto y me paro frente a él. Lo miro fijamente, nunca
había visto con tanta atención sus ojos, son… de perro huevon, nunca había
visto unos ojos que transmitieran tanta flojera y tristeza al mismo tiempo.
Él finge que no dije
nada y abre su libro, con mi mano bajo el libro y le pido que no lo hiciera más
por favor. Él se levanta, me toma por la cintura y me besa, nunca me había
sentido tan vacía al besarlo, era la primera vez que sentía que lo besaba sin
amor. Me carga como lo hacía meses atrás
cuando aún éramos pareja y sin pensarlo me sube por sus escaleras y me
lleva a habitación. Me pone en su cama y cierra la puerta.
El segundo acto es el más
complicado para mí. El techo blanco con líneas grises parece recordarme los
ocho meses de preparación que tuve para este
momento, las veces que llore y me desconocí. Sé que es la última vez, sé que después de esto tendría que decirle
adiós, sé que lo mío es costumbre y que lo único que busco en él era satisfacerme,
ya no lo quiero y él lo sabe.
Él toma mi cabello y lo
peina en una coleta. Sus manos conducen mi cabeza a un lugar que me da asco y
un lugar en el que tocaría la gloria. Con mis manos me despeino mientras sus
manos buscan lujuria bajo mi blusa. Comenzamos con lo único que nos mantenía
juntos, por lo que nunca discutimos y en
lo que nos soportábamos.
De pronto el color verde que tengo se pinta de
transparencia y el estilo fachoso que tiene se ve agredido por la ingenuidad de una chica
de 16 años que sigue sus instintos. Él no
parece incómodo, disfruta el momento. Lo único que busco en este momento es
hacerle lo que nunca le hice y hacerlo como nunca lo volveré hacer, llevarme
una parte de él como él se llevó lo que me pertenecía a los 14 y me dolió tanto dejar.
Está cerca de mí, su
respiración en mi cuello y algo que no puedo describir tan cerca del inicio de vida. Las cobijas estorban pero a la vez las
necesito conmigo, me sostengo de ellas y
los dos estamos listos para el ataque. Ataque que nunca llego. Siento un vacío
mientras él busca los lunares de mi cuerpo. Miedo mientras toma mi mano y la
lleva a lugares que me dan asco y que soy incapaz de ver.
Su cuarto está bastante
ordenado. La guitarra negra está sobre su ropero. Los zapatos en la esquina.
Los dibujos y cartas que le hice a los 14 ahí están en su pared, junto con la leyenda de 4/Septiembre / 2013. Ya ni
siquiera recuerdo exactamente que pasó en esa fecha, creo que nos besamos por
primera vez, aunque… Creo que él me acaba de preguntar algo, no importa solo
digo que sí, es lo único que quiere escuchar para seguir.
Tomo la cobija con más
fuerza, desaparece el silencio entre los dos y la brecha física se rompe al fin.
Lo siento tan cerca de mí y aunque está cálido aun me siento indiferente. Por primera vez veo de cerca y con atención
la cicatriz que tiene en el labio y lo
desalineadas que están sus clavículas después del accidente de motocicleta que
tuvo hace meses. Sus manos atan las mías
y comienza con un compás en do, las
cosas no pueden ir mejor.
Su boca sobre la mía.
Sus manos con las mías. Su mano en mi cabello. Su boca en un lugar inapropiado.
Mis piernas sin resistencia y el movimiento al fin toman forma. Sin aliento.
Sin palabras. Sonidos y música humana se escucha. Dos gritos se escuchan y con eso termina la actuación más difícil de
la obra.
Su uniforme está sobre
el sillón individual que tiene en su cuarto
junto a su ropero. Como es de esperarse, pues todas las veces que estuve
ahí lo hacía, me pego contra la manija del mueble y sin hacerle caso al dolor, tomo mi verde guacala y regreso al aquí y
ahora. Me dirijo al sillón y tomo su uniforme y le hago un nudo a la corbata, a él siempre le gusto que
lo hiciera.
Él solo me mira y no dice
nada, está cubierto con el desorden de la cama y sin más que decir le doy su
ropa y me volteo unos momentos en los que se incorporaba a la realidad. Me
abraza por atrás y con mis manos lo hago para atrás. Él me mira con ternura y
desconcierto. Estoy pisando su colcha azul, la levanto, la sacudo y tiendo su
cama como estaba cuando entre esa mañana.
Me siento en su cama y
lo miro fijamente, me mira de la misma manera. Es la primera vez que lo veo tan
humano, tan honesto, tan el niño con el que quería estar en un inicio. Él se
balancea contra mí y sé que me dice cosas y aunque no las entendiendo, sé que
esto no terminara bien. Me levanto y le digo que me tengo que ir. Bajo las escaleras y el me sigue muy de
cerca.
Estamos dentro de la
sala, le repito que en serio me tengo
que ir. El responde que está bien, sabe que me regañaban en mi casa si llego
tarde. Contesto que es enserio me tengo que ir y no voy a regresar, es la última
vez que me ves, por favor no me veas como mala persona solo hice lo que tu hiciste
alguna vez, primero yo y luego yo y
hasta el último yo.
Su mirada es directa y penetrante, me percibe honesta y lo reconozco
por su rostro serio, de sus ojos salen lágrimas, sus labios parecen
resecos, su respiración es rápida y agitada,
sus puños parecen triturar coraje y sus
piernas deciden que lo mejor es sentarse en el sillón en el que me senté cuando llegue.
Mientras tanto me pongo
enfrente de un cuadro con fotografías que tiene en su sala, y veo cada una de
las fotografías por última vez. Una en donde su padre lo carga mientras abraza
a su madre. Otra donde está con sus primas comiendo pastel. Una más donde era
bebé y está desnudo tomando un baño en una tina. Veo una foto conmigo en
nuestra graduación. Recordé que lo ayude a pegar todas esas fotos y que me
regaló una de sus fotos de cuando era bebé.
Meto mis manos en mi
bolsillo y sacó dicha fotografía. Buscó una cinta para pegarla y después de buscar entre sus cosas al fin la
encuentro y la pegó, está un poco chueca
así que decido que lo mejor era…Ah tomo nuestra fotografía y la guardo en mi
bolsillo. Escucho su voz solloza ¿Es por
él? me pregunta. Me volteo en dirección a donde él está y camino hacia donde se
encuentra y le digo que lo mejor es que ya no se lastimé, no hay nadie más,
solo ya no es bueno estar juntos.
Parece que le habló a
una pared no reacciona, así que con cautela le tocó el hombro y él con soberbia
me quita la mano. Dirige su mirada hacia mí
y está llorando, sus ojos parecen más cerrados de lo normal, sus manos
tiemblan y su nariz tiene moco cesante.
¿Qué puedo hacer? Solo
retrocedo unos pasos y él extiende sus
brazos hacia mí. Solo quiere un abrazo y se lo niego, porque si lo hago me
quedaré y en verdad ya no quiero hacerlo. Me muestro imponente e indomable
frente de él, por dentro estoy hecha cenizas y me parte el corazón verlo así.
Aun así tomo mi mochila.
¡Vete de aquí que no te
quiero ver! Es lo último que escucho de él. Me acerco un poco a él, lo
suficiente para que sienta mi calor pero también lo necesario para cuidar mi
seguridad y no me obligue a quedarme.
Gracias por todo, lo miro fijamente mientras abría
la puerta y salía de su casa. La cortina se atora con la puerta y a pesar de ello no
logra detenerme para cerrar el telón en el momento adecuado.
Es cómodo el piso de la
parte de afuera de casa y era frustrante saber que lo deje así, aun así permanezco
unos minutos ahi mientras acaricio a Lindsey.
Escucho gritos y cosas rompiéndose
dentro de su casa. Quizás algún día me pueda entender y si no es así, sé que
hice lo mejor para mí.
Camino hacia mi casa mientras me pregunto si Cristofer vendría de visita
a las siete de la noche, como era lo acostumbrado. Sin darme cuenta llego
a mi casa y un ángel peludo me esperaba en la puerta. Mi madre abrió la puerta
y me pregunta ¿Cómo estuvo la función? Mejor de lo que esperaba, es
la última vez que participo en la obra. Por cierto ¿Ya te dije que el color
amarillo ahora es mi color de la suerte?
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